11 Sep
La Pedra de Abalar y su atracción fecundante, más tarde cristianizado por la Iglesia, fue el germen creador de una localidad que sigue atrayendo a las masas.
La piedra ante todo es y manifiesta una manera de ser absoluta, decía Mircea Eliade, tal vez el más grande estudioso sobre lo que significaron las piedras y en especial las piedras sagradas.
Muxía es uno de los pueblos más antiguos de España y, sin duda, del mundo: sabemos sus orígenes y los rastreamos, porque la vieja Monxía (o Mongía, como aparece en los documentos en el siglo XVI y XVII), la antigua tierra de monjes, recuerda el proceso cristianizador del primer medievalismo en los siglos VI y VII d.C., cuando San Martín de Dumio y San Fructuoso trataban de despaganizar a aquellos que adoraban a las piedras, los árboles y las aguas.
Y aún a pesar de la insistencia de viejos cenobios monjiles para redimir cristianamente a los adoradores de piedras del Finisterre (para los antiguos era el inmenso territorio del Noroeste y Fisterra es solo un fragmento) del lugar de la Barca, donde el fabulador Vicetto quiso enterrar a la imaginada diosa Celt, los que ritualizaban, con voluntad pagana, la gran Piedra d?Abalar eran miles.